La mayoría de los niños/as desarrollan su lenguaje oral entre los 2 y los 5 años, aunque existen unas vocalizaciones previas a los 2 años que nos pueden indicar si el desarrollo del lenguaje sigue un cauce normal o está desviado del estándar.

Además del componente hereditario, otro de los factores de riesgo en los niños disléxicos durante los primeros años de vida, son los problemas en el desarrollo del lenguaje oral, por ello es importante conocer los hitos o patrones de este y estimularlo adecuadamente desde el inicio.

 

Para saber si es necesario alarmarse ante el retraso en la aparición del lenguaje oral, debemos tener en cuenta varios factores:

  • Si hay correspondencia entre el desarrollo de las diferentes habilidades o no. Por ejemplo, tendremos que comparar si su desarrollo motriz, cognitivo o comunicativo en general, sigue parámetros normales o también sufre diferencias respecto a los niños de su edad. En este caso podemos estar ante un retraso del desarrollo general, pero de manera homogénea, o ante niños en los que se aprecia una disociación entre el desarrollo del habla y las demás áreas de desarrollo.
  • Observar si existen indicadores de que el niño tenga una comprensión normal e interactúa con el adulto con intenciones claramente comunicativas a pesar de que no emplee palabras para ello. Si esto es así el problema puede estar más relacionado con la inmadurez de los órganos implicados en el habla y con la producción de palabras en general.
  • Recordar si el niño ha pasado por las fases previas de emisión de sonidos y balbuceo antes de decir palabras. No es lo mismo que un niño vaya pasando por los hitos principales del desarrollo aunque más lento que la media a que no siga el mismo patrón o las mismas etapas fundamentales para el desarrollo del habla. Una cosa es un retraso y otra una desviación o trastorno.
  • Aparición de las primeras palabras o “fase de las primeras 50 palabras”. Lo normal es que estas primeras palabras aparezcan entre los 12 y 18 meses, aunque en niños que el desarrollo vocálico ha sido más lento el inicio puede ser más tardío. Aun así, una vez que se inicia esta fase, el incremento progresivo de la aparición de palabras se debe observar en todos los niños durante un periodo aproximado de 6 meses desde el inicio.
  • Es fundamental descartar cualquier deficiencia sensorial, en este caso principalmente la hipoacusia.
  • Es necesario, además, contrastar los hitos del desarrollo del niño con los patrones normalizados de desarrollo para determinar si existen factores de riesgo, pero siempre teniendo en cuenta que unos niños son muy precoces a la hora de hablar y que otros comienzan el desarrollo del lenguaje oral mucho más tarde.



Hitos del desarrollo estándar del lenguaje en niños de los 0-3 años

De 3-4 meses

El niño empieza a producir sonidos guturales y vocálicos de aproximadamente 15 a 20 segundos.
A partir de esta edad comienza el balbuceo, caracterizado por la duplicación de sílabas, por ejemplo, mama, tata…
 

A partir del 5 mes

El balbuceo previo va adquiriendo complejidad y el niño lo utiliza como imitación a sonidos que el adulto produce y que el propio niño emite.
Las primeras emisiones vocálicas suelen ser con variantes de /a/ y /e/. Después /oe/ y /o/ y por último /i/ /u/.
Las primeras emisiones consonánticas suelen aparecer en el siguiente orden:
– Consonantes labiales:  p (pa-pa), m (ma-ma), b (ba-ba)
– Consonantes dentales: d (da-da), t (ta-ta)
– Consonantes velopalatales: g (ga-ga), j (ja-ja)
 

De los 7 a los 8 meses

A partir de este periodo el niño deja de ser un mero espectador del adulto y comienza la fase de intercambios vocálicos y comunicativos madre-niño, llamado “protoconversación”. En esta época se enriquece notablemente su aptitud lingüística y comunicativa, intercambiando objetos mientras se pronuncia el nombre de cada uno y mirando a la cara del niño.
 

De los 9 a 10 meses

El niño puede empezar a emitir palabras cortas, pero sólo como imitación de las vocalizaciones del adulto, pues aún no hay en ellas una intención comunicativa. En esta época se desarrolla la musculatura implicada en el habla, principalmente, a través de la masticación durante la alimentación. Esto provoca que las vocalizaciones sean más variadas y tengan patrones de articulación más complejos.
 

Entre los 11-12 meses

El niño cuenta con un repertorio lingüístico de unas cinco palabras, imita palabras idénticas a las del adulto pero no les atribuye significado, (normalmente palabras muy cortas y con consonantes de fácil articulación). En esta fase el niño suele simplificar el habla del adulto. Por ejemplo reduciendo las expresiones o frases a una sola palabra, omitiendo o cambiando sonidos de las palabras. En vez de sopa-opa, en vez de “mama, quiero hacer pipí”, “pipí”.
 

De los 12-14 meses

Suele comenzar la etapa lingüística en los niños, a pesar de que el lenguaje propiamente dicho se suele iniciar hacia los 18 meses, momento en el que se alcanza el desarrollo funcional de las áreas corticales implicadas en el lenguaje. Aunque a partir de los 12 meses el niño comienza a producir secuencias de sonidos muy próximas a las del habla adulta, pero aún no les atribuye un significado.

A partir de los 13-14 meses el niño empieza la etapa holofrástica, en la que emite frases de una sola palabra, por ejemplo “abe” para que abran la puerta, le den la naranja, cojan un objeto que se le ha caído, etc.

En esta época se incrementa la denominación, comenzando por el nombre de familiares cercanos y objetos cotidianos, aunque aún no habla claro, por ejemplo para reclamar atención dice “mía, mía” (mira, mira), para ello se apoya en el lenguaje gestual señalando al objeto o acción.
 

De los 15 a los 18 meses

El niño aumenta su vocabulario de 5 a 15 ó 20 palabras. Empiezan a observarse el empleo de alguna frase de dos palabras, aunque aún sigue utilizando una única palabra para referirse a muchos objetos y situaciones.
 

De los 18 a los 24 meses

La mayoría de los niños cuentan con un vocabulario de más de 50 palabras y empiezan a combinar de 2 a 3 palabras para formar frases, por ejemplo: “zapato papá”. En esta fase el niño alcanza el aprendizaje de unas 300 palabras.
 

De los 2 años a los 3 años

Se produce un incremento rápido del vocabulario superando las 800 palabras hacia los 32 meses y las 1200 hacia los 3 años y medio.

 



Posibles indicadores de riesgo

  • 2-4 m: Muestra falta de interés por comunicarse.
  • 6 m: No vocaliza ni balbucea ningún sonido.
  • 9- 12 m: No dice “mamá” o “papá”.
    Pierde habilidades que se habían desarrollado previamente.
  • 15-18 m: No dice palabras.
    Da la sensación de que entiende poco.
  • 24 m: No dice frases de 2 palabras.
    Maneja menos de 50 palabras.
    Se le entiende menos del 50%
  • 36 m: Se le entiende menos del 75%.
    Repite la misma palabra o secuencia vocálica sistemáticamente.



Pautas a tener en cuenta durante la comunicación con el niño

  • Hablarle siempre mirándolo a la cara, de manera que él sepa que se le presta atención y que vea nuestra boca articular los sonidos del lenguaje.
  • Es importante que el adulto le muestre el mundo inmediato al niño, enseñando los nombres de las cosas, de las personas y de las situaciones en un ambiente natural y de juego.
  • Hablarle clara y correctamente, más despacio y con más pausas de lo habitual, subiendo el tono de voz y exagerando la entonación y la pronunciación y usando frases cortas y sencillas acompañadas de gestos y mímica que representen las acciones que estamos nombrando.
  • Leerle cuentos en los que el niño tenga que participar emitiendo sonidos, onomatopeyas.
  • Fomentar la comunicación con el niño haciéndole preguntas: ¿Qué es esto?.. Esto es agua. Muy bien, “agua”.
  • Reforzar cualquier emisión vocálica que diga.
  • Darle siempre el modelo de habla adecuado repitiendo varias veces la palabra.



Ejercicios para estimular el desarrollo del lenguaje oral
 

Respiración y soplo:

– Jugar a soplar velas, molinillos, silbatos, globos o cualquier otro objeto para fortalecer el soplo y la respiración. Siempre cogiendo el aire por la nariz y expulsándolo por la boca.
 

Desarrollar la musculatura orofacial implicada en el habla:

– Comenzar con la masticación de alimentos.

– Retirar el chupete.

– Realizar juegos en los que tenga que sacar la lengua, elevarla y bajarla, llevarla a los lados, etc.. Por ejemplo persiguiendo un gusanito para comérselo, con un chupachús, con agua, imitándonos, etc.

– Realizar juegos para fortalecer la musculatura de los labios, por ejemplo: inflar la boca con aire y mantenerlo, dar besos, fruncir y estirar los labios, sujetar un lápiz con los labios, etc…

– Realizar juegos para fortalecer la musculara de la mandíbula: abrir y cerrar la boca, masticar una goma tubular…
 

Potenciar las emisiones vocálicas:

– Realizar juegos de imitación de sonidos. Onomatopellas, sonidos de animales, pedorretas, etc.
 

Fomentar la adquisición de las primeras palabras:

– Comenzar por la denominación de los nombres de los familiares: mamá, papá, tita, abuelo, abuela, tito… (para ello se pueden utilizar fotos y pedirle al niño: -¿Dónde está mamá? Para que señale la foto. Una vez que la haya seleccionado preguntar: – ¿Quién es?… y repetirle la palabra varias veces señalando la foto. – Sí, muy bien, es mamá, mamá.
.Realizar este tipo de tareas con objetos cotidianos. Cuchara, muñeco, agua…
. Realizar este tipo de tareas de denominación con partes del cuerpo.
. Realizar este tipo de tareas de denominación con colores y otros conceptos.

– Cantarle canciones en las que él tenga que intervenir diciendo una palabra al final, por ejemplo:
Vamos a ver como brilla el sol, sol, sol
Mira que bonito que es el sol, …, ….
Muy redondo y amarillo es el sol, …, …
¿Quién nos da luz y calor? Es el …, …, …

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